
Muchos de los movimientos sociales son encabezados y nutridos por jóvenes; son ellos los que salen a las calles a protestar cada que el mal gobierno comete injusticias atroces. Ante esta realidad, el mal gobierno (sea de derecha, de centro o de izquierda) responde golpeándolos, reprimiéndolos en lugar de escucharlos, violando sus más elementales derechos, siendo que su lucha es precisamente porque se le respeten sus derechos humanos hasta al más pobre de los pobres.
Entonces las corretizas y madrizas de los granaderos van acumulándose en el cuerpo, y el palito de abollar ideologías va haciendo su trabajo. Entonces van pensando los jóvenes: “sólo somos usados por intereses oscuros”, o: “con marchas no cambiaremos al mundo” (en vez de decir abiertamente: “es que los toletazos sí duelen”, o decir: “es que no estoy tan convencido de que la lucha valga estos madrazos”).

Y entonces puedes escuchar a los adultos: “de joven se te hace fácil protestar con marchas, con volantes y carteles, pero llega el momento en que sabes que debes madurar, y que debes afiliarte a algún partido”; o: “usted ya no es ningún jovencito, deje atrás el comité de lucha”; incluso: “el romanticismo de la juventud no te permite ver que el mundo lo cambiaremos cuando gane nuestro candidato”.
¿Será que en esas crisis que le dan a las personas a los veinticinco años, son sobretodo al darse cuenta que no pudieron hacer nada satisfactorio con sus vidas, y por lo tanto tampoco cambiarán al mundo? ¿Será que es el momento en el que sus sueños se caen, se desmoronan y pierden las ilusiones? ¿Será que les resulta más fácil y barato asesinar a su conciencia que a la injusticia? ¿En qué momento dejar de creer en las demás personas y en los sueños?
¿Será que tiene la razón Carlos Fuentes al decir: “tengo cuarenta años y me hace tanta falta un cuento de hadas”?
¿Entonces tiene razón José Emilio pacheco con su poema:
“antiguos compañeros se reúnen:
ya somos todo aquello
contra lo que luchamos a los veinte años”?
Por eso la policía golpea y reprime a los jóvenes que protestan, para matarles sus sueños, para abollarles sus ideologías, para que de adultos no representen una amenaza y sean parte del sistema; por eso en ciertas etapas de nuestra historia los más perseguidos fueron los estudiantes; por eso cada tanto nos inventan prototipos de jóvenes violentos y autodestructivos al estilo james dean, Kurt Cobain o los emos.
Tal vez por eso inventaron una nueva etapa en la vida de una persona: el adulto contemporáneo, que a mi parecer es aquel que se está autovacunando para vivir cien años, como dijera Joaquín Sabina:
"Si lo que quieres es vivir cien años
no pruebes los licores del placer.
Si eres alérgico a los desengaños
olvídate de esa mujer.
Compra una máscara antigás,
manténte dentro de la ley.
Si lo que quieres es vivir cien años
haz músculos de cinco a seis.
Y ponte gomina que no te despeine
el vientecillo de la libertad.
Funda un hogar en el que nunca reine
más rey que la seguridad.
Evita el humo de los puros,
reduce la velocidad.
Si lo que quieres es vivir cien años
vacúnate contra el azar.
Deja pasar la tentación
dile a esa chica que no llame más
y si protesta el corazón
en la farmacia puedes preguntar:
¿Tiene pastillas para no soñar?
Si quieres ser Matusalén
vigila tu colesterol
si tu película es vivir cien años,
no lo hagas nunca sin condón.
Es peligroso que tu piel desnuda
roce otra piel sin esterilizar,
que no se infiltre el virus de la duda
en tu cama matrimonial.
Y si en tus noches falta sal,
para eso está el televisor.
Si lo que quieres es cumplir cien años
no vivas como vivo yo."
1 comentario:
simplemente...
es indescriptible lo que has escrito,
no podría estar mas de acuerdo :)
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