jueves, 30 de abril de 2009

de complotistas e incrédulos...

En estos días tan aciagos, enlisto los argumentos en contra de la influenza (debido a la cual nos han sometido a una “dictadura sanitaria”), mismos que me han llegado por varios correos electrónicos o he leído en el facebook o me han comentado algunos amigos.

El más articulado: es un compló mundial para endeudar a los países que se declaren en estado de emergencia (incluso E.U. tendría que autoprestarse).

El más obvio: es un compló de las farmacéuticas transnacionales para vender carísimos los antivirales (el gobierno mexicano al declarar amenazada a su .población puede enajenar las patentes y producir sus propios antivirales genéricos).

El del compló panista: es un compló del calderón para militarizar al país (¿y para eso requiere la ayuda de la OMS? En la vía de los hechos este país se militarizó y ya se repartió entre el narco, la derecha y los empresarios, ah, y E.U.).

El de la reformas imperceptibles: es un compló para aprobar reformas que violan los derechos humanos y constitucionales de los mexicanos (ya se reformaron cientos de artículos constitucionales, como el 3º que habla de la educación pública y gratuita; y el 33º que habla de la participación de extranjeros en la vida política mexicana; y no se necesitó un chupacabras, unos balseros o un colosiazo para distraernos y reformarlos).

El ay-sí-yo-no-me-drogo: es un compló para que el senado aprobara la portación legal de pequeñas dosis de droga (¡qué pasotes con tamaños zapatitos!).

El del pro-impunidad: es un compló para que se le olvide al pueblo el terrorismo de estado contra Atenco o la APPO (¡ah chinga! y antes de la influenza, ¿cuántos lo recordaban y/o protestaban para exigir justicia y libertad de los presos políticos?).

El del anti-ife: es un compló para que en las próximas elecciones gane el PAN todas las diputaciones y cargos de elección popular (¡ah chinga! en el fraude de 2006 el PAN hizo uno de los más grandes fraudes electorales en el país, y sólo los pejistas protestaron; después el calderón aceptó que le valían madre esas protestas: “haiga sido como haiga sido soy el nuevo presidente”).

El del experto epidemiológico: si es un virus de cerdo, no puede atacar a los humanos (sin comentarios).

El del anti-evolucionista: ¿cómo puede ser un virus nuevo y distinto al que ya existía? (sin comentarios).

El de película de muertos vivientes: yo nunca he visto a los muertos de influenza, a ver, ¡enséñenlos! (¿apoco esperan que los muertos anden caminando por las calles con letreritos al cuello que digan: morí de influenza? ¿o esperan que los suban a coches tipo papamóvil y los anden paseando por la ciudad?).

El de cero vida social, wé: yo no conozco a nadie que le haya dado influenza, ¿tú conoces a alguien que haya muerto de influenza? (yo sí me he enterado directamente de 4 casos de muerte por influenza).

El del que quiere aparentar que lee un chingo y no está enajenado para nada (o sea, el de la doctrina del shock): nos quieren infundir miedo para que al final los panistas sean los héroes de la película (chingao) y se perpetúen en el poder –se extiende a los marines gringos, pues entrarán a México para madrearse a los virus-; por ejemplo lo que hicieron con las torres gemelas o en Irak y Afganistán (¿apoco no es suficiente con el miedo que meten los soldados en las calles, que violan mujeres, asesinan niños y ancianos, entran a las casas sin órdenes de cateo, etc.? Eso sí, desconocen que con el plan Mérida en la vía legal ya está autorizada la entrada de los marines gringos al país).

El gran ausente: es un compló del narco para que calderón le pare a andar jugando a la guerrita contra ellos (éste nadie me lo ha dicho, pero les falta, seguro ya viene en camino).

El anti-religioso: es un compló de la iglesia para apuntalar a los padres y obispos y ya no los critiquemos por pederastas (además el santo señor de la salud ya se había aburrido por no salir).

El anti-extraterreste (o con-éste-sí se-la-jalaron): no se explica el origen de los virus, y pudieron venir de otro planeta; es decir, es un compló para ser invadidos por seres de otros planetas.

Uno de los mejores, el anti-marchas y anti-protestas: es un compló para meternos a nuestras casas y no protestemos el 1º de mayo (¡éste me encantó! como si las marchas de los obreros fueran de millones y con eso el gobierno temblara al intuir la pronta revolución obrero-campesina-estudiantil).

El mejor de todos: los cubrebocas son azules como la bandera del PAN (siendo que cubrebocas, batas para médicos y pacientes, gorritos para el cabello, etc. son de este color desde que tengo memoria).

El del a-mí-no-me-hacen-pendejo: yo ya sé todos los argumentos en contra y me los creo, en cambio no le creo al gobierno, así que la influenza no existe, y si existe… ¡me la pela!

Sólo quiero decir: apoyo lo que alguna vez dijo Juan Rulfo: “el gobierno no tiene madre”. Por supuesto no le puedo creer lo que diga un gobierno de criminales y asesinos; pero los que argumentan en contra de la epidemia tampoco se esmeran por armar ni un solo argumento fuerte, ¡por favor!

Por último: por traer cubrebocas o lavarme las manos a cada rato, incluso quedarme en casa si no es necesario salir a la calle, no voy a perder el estilo, ni me voy a ver con menos personalidad. Con esas simples medidas no beneficio a nadie. Preferiré que en el futuro me cabuleen por crédulo, a que me cafeteen por hacerme el anticomplotista.

miércoles, 8 de abril de 2009

Atenco...

Una vez más, y las que sean necesarias: JUSTICIA y LIBERTAD para ATENCO.

"La tradición más antigua y entrañable de México es la tradición que nos enseña que la tierra es sagrada y también son sagrados quienes por ella luchan."

Eduardo Galeano

viernes, 3 de abril de 2009

sabia la maga!

-Yo también adoraba las peceras –dijo rememorativamente Gregorovius - [...] Estábamos tendidos de espaldas, uno al lado del otro, y ella me acariciaba maquinalmente, yo tenía frío y ella me hablaba de cualquier cosa, de la pelea que acababa de ocurrir en el bar, de las tormentas de marzo... Los peces pasaban y pasaban, había uno, negro, un pez enorme, mucho más grande que los otros. Pasaba y pasaba como su mano por mis piernas, subiendo, bajando... Entonces hacer el amor era eso, un pez negro pasando y pasando obstinadamente. Una imagen como cualquier otra, bastante cierta por lo demás. La repetición al infinito de un ansia de fuga, de atravesar el cristal y entrar en otra cosa.

-Quién sabe –dijo la Maga- a mí me parece que los peces ya no quieren salir de la pecera, casi nunca tocan el vidrio con la nariz.

Rayuela (Julio Cortázar)