martes, 19 de mayo de 2009

de injusticias y policías malevos

Ya me había aburrido, llevábamos varias horas en el juzgado, en una de esas audiencias interminables, cuando aún teníamos los ocho gravísimos cargos en nuestra contra (robo específico con violencia, daño en propiedad ajena doloso, lesiones dolosas, despojo, asociación delictuosa, motín, sabotaje y terrorismo; ya para ese entonces nos habían quitado el calificativo de “peligrosidad social”). Pero ahora no quiero platicar de mi rosario de cargos delictivos, sino de que por el aburrimiento me fui a pasear a otros juzgados; obvio, del lado de la rejilla de los presos. En un juzgado estaba un señor de unos 40 años, su piel morena, su cara de rasgos indígenas, claramente se le veía en la cara miedo e incertidumbre; atento escuchaba a su abogado de oficio, quien del otro lado de la rejilla le decía: “te hallaron culpable de robo, te dieron condena de 18 años, por favor pon una equis en esta rayita”. Le pregunté como para comprobar lo que sospechaba: que no sabía leer, que difícilmente entendía español, y que ni sabía del robo que lo acusaban; supongo que tal vez su abogado, al ser de oficio, no muy hizo por defenderlo.

En otra ocasión, llegó al reclusorio un señor de unos 80-85 años, usaba bastón para caminar, lo cual hacía con gran dificultad; claramente se notaba que no muy sabía dónde estaba: volteaba para todos lados, extrañado, confundido. Así que le preguntamos qué le pasaba, por qué lo habían aprehendido; no pudo respondernos, no sabía qué pasaba y tartamudeaba al hablar. Uno de los técnicos penitenciarios nos contó: lo aprehendieron porque se metió a un sanborns (sí, uno de los tantos negocios slim) y salió con un chocolate en la mano: se le había olvidado pagarlo, se le había olvidado incluso que lo llevaba en la mano. Le dimos de comer y tratamos que lo pasara lo mejor posible. Para la tarde ya comenzábamos a discutir en cuál de las celdas se quedaría, quién le prestaría cobijas, cuando llegó la notificación: el señor podía salir, le habían dado derecho a fianza: debía pagar 900 pesos porque el alzheimer ocasionó que se le olvidara pagar un chocolate que valdría tal vez 20. Obvio decir que entre todos cooperamos para pagar su fianza, sus familiares desconocían que estaba preso, así que en cuanto saliera lo llevarían a un albergue del gobierno en lo que encontraban a su familia.

¿Cuántas historias habrá así dentro de un reclusorio? ¿De cuántas injusticias cometidas a diario no nos enteramos? En un caso, un indígena sin traductor, si poder leer ni escribir, sin enterarse del proceso en su contra es sentenciado a 18 años de cárcel por un crímen que él me asegura no cometió (y yo le creo); en el otro caso, un señor va a la cárcel por una enfermedad neuronal crónico degenerativa. Si estuviéramos en países islámicos, a ambos les habrían cortado una mano, ¿y si en méxico se aprobara la pena de muerte…?

Desde hace 3 años, Jacinta Francisco Marcial está presa por un terrible crimen: ¡secuestró a seis elementos armados de la agencia federal de investigación! Motivo por el cual fue sentenciada a 21 años de cárcel. Ella es indígena otomí, vivía en querétaro cuando fue aprehendida, no sabía ni por qué la detuvieron, tampoco sabe leer ni escribir. Las pruebas de su culpabilidad son una fotografía en un diario local, donde Jacinta aparece a un lado de un operativo de la AFI; así como las declaraciones de los agentes. Una de las pocas notas del caso está acá: http://impreso.milenio.com/node/8573751

Reitero, esto es de lo poco, poquísimo que nos enteramos. ¿Qué pasa donde no nos enteramos? ¿Qué pasa cuando nos negamos a leer periódicos y enterarnos de casos como éste? ¿Qué pasa si aún enterándonos no lo denunciamos, no exigimos libertad y justicia?

Si existiera la pena de muerte, Jacinta iría al patíbulo, por estar en el momento y lugar incorrectos. También irían al patíbulo los presos políticos de Atenco, los cuales para el gobierno federal son culpables de haber secuestrado a agentes y autoridades municipales; pero hasta eso, “corrieron con suerte” y sólo deben purgar condenas de 112 años de prisión. ¿Qué pasa con los presos políticos en todo el país? O mejor preguntado: ¿qué pasa con nosotros, que vemos las injusticias y no hacemos nada por detenerlas? ¿Acaso las palabras de Ernesto Guevara de la Serna ya no tienen vigencia: "Acuérdense que la Revolución es lo importante y que cada uno de nosotros, solo, no vale nada. Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario"? O como ésa era una carta para sus hijos, ¿no nos sentimos aludidos?

domingo, 17 de mayo de 2009

Benedetti, gracias por tanto, y por ser militante de la vida

Por qué cantamos


Si cada hora viene con su muerte
si el tiempo es una cueva de ladrones
los aires ya no son los buenos aires
la vida es nada más que un blanco móvil

usted preguntará por qué cantamos

si nuestros bravos quedan sin abrazo
la patria se nos muere de tristeza
y el corazón del hombre se hace añicos
antes aún que explote la vergüenza

usted preguntará por qué cantamos

si estamos lejos como un horizonte
si allá quedaron árboles y cielo
si cada noche es siempre alguna ausencia
y cada despertar un desencuentro

usted preguntará por que cantamos

cantamos por qué el río está sonando
y cuando suena el río / suena el río
cantamos porque el cruel no tiene nombre
y en cambio tiene nombre su destino

cantamos por el niño y porque todo
y porque algún futuro y porque el pueblo
cantamos porque los sobrevivientes
y nuestros muertos quieren que cantemos

cantamos porque el grito no es bastante
y no es bastante el llanto ni la bronca
cantamos porque creemos en la gente
y porque venceremos la derrota

cantamos porque el sol nos reconoce
y porque el campo huele a primavera
y porque en este tallo en aquel fruto
cada pregunta tiene su respuesta

cantamos porque llueve sobre el surco
y somos militantes de la vida
y porque no podemos ni queremos
dejar que la canción se haga ceniza.

jueves, 14 de mayo de 2009

Atenco, las palabras, los actos

El miedo. El miedo de la gente que se resguardó en sus casas, que oían las botas militares corriendo por las calles. El miedo de los que habían visto las primeras golpizas, las primeras personas bañadas en sangre.

La cobardía, la ira, la adrenalina, la cocaína. Las drogas y hormonas circulando por las venas de los policías federales, cegando el juicio, el raciocinio de los militares, acallando sus conciencias, motivándolos a usar sus toletes, sus escudos, llevándolos a golpear entre 24 hijos de puta a un cuerpo inerte en el suelo.

El valor. El valor de los campesinos que no sólo defendían sus tierras del despojo oficial; también apoyando a otros campesinos a los que no les dejaron vender flores, el producto de esa tierra que les querían arrebatar. El valor para quedarse en las barricadas, en el frente de batalla viendo la avanzada militar.

El morbo, la impunidad, la lujuria de los policías que violaban a mujeres maniatadas, golpeadas y sangrantes; de estos “guardianes del orden” que a cada mujer violada le gritaban: dime vaquero.

Los sueños. Los sueños de los presos políticos que purgan condenas de hasta 112 años de prisión. Los sueños de las mujeres violadas por policías. Los sueños rotos por un tolete y un escudo, por un presidente y gobernantes corruptos.

La decisión. La decisión tomada por el presidente de la república (hijo de puta fox), por el gobernador del estado de méxico (hijo de puta peña nieto), el presidente municipal de texcoco (hijo de puta nazario gutiérrez), de los mandos policiacos (hijos de puta wilfrido robledo, miguel ángel yunes, medina mora, etc.). De esos malditos que decidieron vengarse del pueblo que los desafió, que dieron la orden a los soldados de entrar a las casas sin orden de cateo, de golpear con toletes a los campesinos, de violar a las mujeres.

Los cómplices. Los jueces que cobijaron con impunidad a violadores, torturadores, represores todos. Los jueces que cobran hasta 700mil pesos al mes, los que dijeron: en Atenco sí hubieron violaciones graves a los derechos humanos, pero no podemos señalar culpables.

Los años. Los 3 años desde esa brutal represión. Acompañados de

La desmemoria. La desmemoria de los enajenados, del pueblo hambriento, del pueblo futbolero pero apasionado.