El miedo. El miedo de la gente que se resguardó en sus casas, que oían las botas militares corriendo por las calles. El miedo de los que habían visto las primeras golpizas, las primeras personas bañadas en sangre.
La cobardía, la ira, la adrenalina, la cocaína. Las drogas y hormonas circulando por las venas de los policías federales, cegando el juicio, el raciocinio de los militares, acallando sus conciencias, motivándolos a usar sus toletes, sus escudos, llevándolos a golpear entre 24 hijos de puta a un cuerpo inerte en el suelo.
El valor. El valor de los campesinos que no sólo defendían sus tierras del despojo oficial; también apoyando a otros campesinos a los que no les dejaron vender flores, el producto de esa tierra que les querían arrebatar. El valor para quedarse en las barricadas, en el frente de batalla viendo la avanzada militar.
El morbo, la impunidad, la lujuria de los policías que violaban a mujeres maniatadas, golpeadas y sangrantes; de estos “guardianes del orden” que a cada mujer violada le gritaban: dime vaquero.
Los sueños. Los sueños de los presos políticos que purgan condenas de hasta 112 años de prisión. Los sueños de las mujeres violadas por policías. Los sueños rotos por un tolete y un escudo, por un presidente y gobernantes corruptos.
La decisión. La decisión tomada por el presidente de la república (hijo de puta fox), por el gobernador del estado de méxico (hijo de puta peña nieto), el presidente municipal de texcoco (hijo de puta nazario gutiérrez), de los mandos policiacos (hijos de puta wilfrido robledo, miguel ángel yunes, medina mora, etc.). De esos malditos que decidieron vengarse del pueblo que los desafió, que dieron la orden a los soldados de entrar a las casas sin orden de cateo, de golpear con toletes a los campesinos, de violar a las mujeres.
Los cómplices. Los jueces que cobijaron con impunidad a violadores, torturadores, represores todos. Los jueces que cobran hasta 700mil pesos al mes, los que dijeron: en Atenco sí hubieron violaciones graves a los derechos humanos, pero no podemos señalar culpables.
Los años. Los 3 años desde esa brutal represión. Acompañados de
La desmemoria. La desmemoria de los enajenados, del pueblo hambriento, del pueblo futbolero pero apasionado.
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