domingo, 21 de marzo de 2010

El Sistema

"No se agota en la lista de torturados, asesinados y desaparecidos la denuncia de los crímenes de una dictadura. La máquina te amaestra para el egoísmo y la mentira. La solidaridad es un delito. Para salvarte, enseña la máquina, tenés que hacerte hipócrita y jodedor. Quien esta noche te besa, mañana te ven­derá. Cada gauchada genera una venganza. Si decís lo que pensás, te revientan; y nadie merece el ries­go. ¿No desea el obrero desocupado, secretamente, que la fábrica eche a otro para ocupar su puesto? ¿No es el prójimo un competidor y un enemigo? Hace poco, en Montevideo, un gurí pidió a su madre que lo llevase de vuelta al sanatorio, porque quería desnacer.

Sin una gota de sangre, sin una lágrima siquiera, se ejecuta la cotidiana matanza de lo mejor que cada uno tiene dentro de sí. Victoria de la máquina: la gente tiene miedo de hablar y de mirarse. Que nadie se encuentre con nadie. Cuando alguien te mira y te sostiene la mirada, pensás: "Me va a joder". El gerente dice al empleado, que era su amigo:

-Te tuve que denunciar. Pidieron las listas. Había que dar algún nombre. Perdóname, si podés.

De cada treinta uruguayos, uno tiene la función de vigilar, perseguir y castigar a los demás. No hay trabajo fuera de los cuarteles y las comisarías; y en todo caso, para conservar el empleo es imprescindi­ble el certificado de fe democrática que extiende la policía. Se exige a los estudiantes que denuncien a sus compañeros, se exhorta a los niños a denunciar a sus maestros. En la Argentina, la televisión pregun­ta: '¿Sabe usted lo que está haciendo su hijo en este momento?'

¿Por qué no figura en la crónica roja el asesinato del alma por envenenamiento?"

Eduardo Galeano

domingo, 14 de marzo de 2010

tiene que tener remedio

Un alto porcentaje de ellos lleva monas (algodón industrial con algún tipo de solvente), otros llevan mota, los menos tratamos de conseguir “aunque sea” una chelita. Lo cierto es que muchos van a los conciertos masivos, más que para protestar contra las políticas represivas del mal gobierno, para echar desmadre, porque es un sitio un poco liberado y pueden monear o mariguanear a gusto. No es que definitivamente estén contra del despido masivo de 45mil trabajadores de una empresa estatal para su posterior privatización; contra la brutal represión contra Atenco o radio Nomdaa; contra la presa la Parota o la militarización y represión en Chiapas.

En un momento subieron los de Atenco a recordarnos que sus presos siguen en la cárcel, que su gente fue violada, torturada, asesinada; sin que a 4 años se haga justicia. Lo triste fue ver a los chavos indiferentes, escuchar chiflidos porque los compas de Atenco habían pausado la música.

Muchos de ellos mentaban madres cada que alguno de los cantantes gritaba: “que chingue a su madre calderón”, pero no pasa de eso.

De los choros que más me latieron, fue el que se echó el Tony, de El Gran Sliencio, que a media canción dijo: “bueno chavos, espero que saliendo de aquí se pongan a chambear contra el gobierno, porque no se trata nadamás de venir aquí y decir que todo es una mierda; debemos hacer algo por cambiarlo”; o el del Rubén Albarrán, quien dedicó el concierto “para los que hacen algo para que en el mundo, como dijeron los zapatistas, quepan muchos mundos”.

Dudo que estos dos mensajes hayan llegado a muchos oídos receptivos, de cualquier manera, como dijera Benedetti: “algo es algo”.

Yo me pregunto cómo llegarle a las nuevas generaciones, cómo convencerlos de subvertir al menos una vez al día; parafraseando a Ska-P, decirles que el mundo tiene que tener remedio. Se me acaba la semántica tan gastada, la palabra precisa intentando armar un choro para decirle a los demás que este paisito está patas arriba.

sábado, 6 de marzo de 2010

¡criminales sueltos en las calles!

Últimamente en las calles, cada vez hay más delincuentes peligrosos armados: se pasean impunemente en camionetas o camiones grandes, y siempre van entre ellos al menos dos con fusiles de asalto.

Dicen que así era en los setentas y ochentas, que esos delincuentes eras impunes o incluso le hacían el trabajo sucio a los presidentes y gobernantes en turno: masacraron pueblos enteros en Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Sonora, o en el D.F. Incluso, hay muchas personas desaparecidas por esos sujetos: se los llevaban secuestrados a sus escondrijos y cuarteles.

Ahora llegan a los pueblos con falsos pretextos y violan mujeres, entran a casas armados a robar, asesinar, secuestrar. Son verdaderamente unos terroristas: toda persona que los ve, siente pavor, muchas veces andan drogados, borrachos, y saben que un arma, un pasamontañas, un uniforme les da impunidad. Si cometen delitos, los perdonan los jueces; pero eso si alguien los denuncia, porque generalmente no dejan testigos.

Recuerdo que por ahí del año 2000, ya sólo eran unos cuantos en la ciudad, siempre vestidos todo de gris oscuro, ahora los hay “camuflajeados” con trajes verde olivo (aunque los pendejos no se han dado cuenta que no se camuflajean de nada porque la ciudad es gris, no verde), azules, y ayer incluso, camino a mi casa, afuera del fondo de cultura, habían unos de gris claro (dicen que estos son “marinos”, ¡pero la ciudad está a 400 kilómetros del mar más cercano!).