Últimamente en las calles, cada vez hay más delincuentes peligrosos armados: se pasean impunemente en camionetas o camiones grandes, y siempre van entre ellos al menos dos con fusiles de asalto.
Dicen que así era en los setentas y ochentas, que esos delincuentes eras impunes o incluso le hacían el trabajo sucio a los presidentes y gobernantes en turno: masacraron pueblos enteros en Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Sonora, o en el D.F. Incluso, hay muchas personas desaparecidas por esos sujetos: se los llevaban secuestrados a sus escondrijos y cuarteles.
Ahora llegan a los pueblos con falsos pretextos y violan mujeres, entran a casas armados a robar, asesinar, secuestrar. Son verdaderamente unos terroristas: toda persona que los ve, siente pavor, muchas veces andan drogados, borrachos, y saben que un arma, un pasamontañas, un uniforme les da impunidad. Si cometen delitos, los perdonan los jueces; pero eso si alguien los denuncia, porque generalmente no dejan testigos.
Recuerdo que por ahí del año 2000, ya sólo eran unos cuantos en la ciudad, siempre vestidos todo de gris oscuro, ahora los hay “camuflajeados” con trajes verde olivo (aunque los pendejos no se han dado cuenta que no se camuflajean de nada porque la ciudad es gris, no verde), azules, y ayer incluso, camino a mi casa, afuera del fondo de cultura, habían unos de gris claro (dicen que estos son “marinos”, ¡pero la ciudad está a 400 kilómetros del mar más cercano!).
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