Es difícil tomar una decisión en la controversia si trabajar en lo que te gusta, o en lo que lucra. Al menos en mi caso no son sinónimos.
Busqué por todos los medios posibles ser profesor, y fue difícil, ya que trabajaba en una oficina de gobierno, fui a muchas entrevistas, mandé solicitud a muchas escuelas y universidades (porque mi intención era dar clases en universidad), al final comencé dando clases en una secundaria. Debo decir que en estos años de experiencia, no ha habido un día en el que me aburra, un adolescente contiene alegría, magia. Sólo con llegar y saludar, mis problemas se olvidan, se salen del aula. Cada clase es un nuevo reto: que se enganchen con el tema, que aprendan, que ellos también olviden sus problemas y se concentren en mi clase.
Pero por desgracia, es un trabajo muy mal pagado. Con este trabajo no he podido ahorrar un centavo, incluso debo. Mis amigos me dicen: pues consigue otro trabajo, al cabo sólo trabajas medio día. Quisiera que una persona que piense eso, intente dar sólo una hora de clase. Dar clases es muy agotador, debes esforzarte por mantener su atención, por controlar al grupo para que no se distraigan. La mejor manera de lograrlo es dando clases interesantes, dominando los temas, pero también pasando por sus lugares para ver qué están haciendo, si escriben, si comprenden la clase. Lo cierto es que trabajo de 7:30 a 14:30 horas diario, si hacemos cuentas, ya hice 7 horas de labor continua, ya que generalmente en los recreos (que se pensaría, es el tiempo en el que puedo descansar) atiendo alumnos, aclaro dudas, etc. Al llegar a casa debo calificar tareas, preparar clases, llenar formatos... Al final, dan las ocho de la noche y yo ya estoy muerto de cansancio.
Dar clases es mi pasión, amo dar clases, y mejor aún: siento que soy un buen profesor. Los alumnos me dicen con franqueza que no requieren estudiar para los exámenes, porque aprendieron en mis clases. Mis exalumnos me dicen que me extrañan y quisieran volver a tenerme como profesor, aunque a muchos de ellos les costaba mucho pasar, ya que soy muy estricto.
Para el mundo, estar feliz con lo que haces, estar a gusto en tu trabajo es estar en tu zona de confort; lo cual es un eufemismo para decir que has caído en la mediocridad. Francamente no entiendo el por qué... Me costó mucho que me aceptaran en una escuela para ser profesor, diario preparo mis clases, cada semana me dan capacitaciones, cada clase tiene retos: alumnos con déficit de atención, hiperactivos, apáticos, molestados por otros. Pero no gano lo suficiente para ser parte de la sociedad de consumo: para esta sociedad soy un mediocre. ¿Qué pasaría si un profesor ganara lo que gana un diputado? Entonces no estaría en mi zona de confort, porque aparte de trabajar en mi pasión, gano bien.
Pienso que éste será mi último año como profesor. Al final sí importa lo que los demás piensan de ti, atrás quedaron las épocas de luchar por ideales, de vivir sólo con lo necesario. Es cierto que los demás me ven como un mediocre porque no gano lo que ellos, porque a mi edad sigo de profesor y se alejan de mí. Sé que hablan mal a mis espaldas y hasta me han traicionado, me han mentido, me han engañado. A la nueva sociedad no le importa si trabajas en lo que te apasiona y eres feliz, le importa que compres y ganes bien, aunque sea un trabajo que te haga infeliz.
