lunes, 23 de noviembre de 2009

SME: la fuerza de la verdad

Como todo mundo sabe, el origen de este conflicto se debe a los privilegios del sindicato de electricistas –dice una locutora en la radio con voz un poco chillona.

¿Qué es lo que sabe todo mundo?

Hace escasos cinco minutos la Secretaría de Gobernación intimida a los trabajadores electricistas informándoles que se porten bien en la próxima manifestación o que se atengan a las consecuencias, y cada media hora un anuncio del gobierno federal invita a los electricistas a que recojan su liquidación, porque si no, se van a quedar sin nada. Poco después, un grupo de conocidos panelistas da vueltas interpretativas al conflicto; durante media hora analizan si el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) puede sumar nuevas fuerzas, si el PRI se va a desinteresar huyendo del asunto, si se está sacrificando al secretario del Trabajo; pero nunca, ninguno de ellos va al corazón del asunto, nunca se hará en voz alta la pregunta clave: ¿quién tiene razón? ¿El gobierno al disolver Luz y Fuerza del Centro o los electricistas al defender sus puestos de trabajo?

Pareciera nuevamente que lo esencial les importa un bledo. Que todo mundo “sabe”.

Y así ha sido a lo largo de un mes, el bombardeo, los argumentos reiterados, pero nunca explicados, las nubes de humo, las verdades a medias, las mentiras “completas”.

Hacía mucho tiempo que la maquinaria del Estado no nos soltaba a los perros de la guerra del verbo y de la tecla, con la intensidad con la que los ha lanzado.

Con todo cinismo nuevos promocionales de radio habrían de aparecer con la anónima voz de aquella que promete que “ahora sí” no nos van a cobrar de más y que “ahora sí”… Y trabajaban sobre la parte dolida de los consumidores que habían estado sometidos a los abusos de la compañía durante años.

Pero, ¿para corregir estos abusos había que disolver la empresa y desaparecer el sindicato? ¿Eran los trabajadores ahora despedidos masivamente responsables?

Los argumentos de Calderón –pues ésta, sin duda, era una apuesta presidencial que llevaba tras de sí a los secretarios de Trabajo, Energía y Gobernación– eran, además de reiterativos, muy extraños.

Decía que el sindicato no era democrático, las pasadas elecciones internas habían sido confusas y estaban siendo criticadas por la oposición. ¿Y luego? ¿Era ése un argumento para disolver la empresa? ¿No era representativo? ¿Y entonces cómo se explican este mes de resistencia, esta participación masiva de los trabajadores, a pesar de represalias, amenazas?

Decía que la empresa no era eficiente.

Sin duda, se trataba de una empresa ineficiente que operaba con números rojos y que ofrecía un servicio en muchos casos mediocre y doloso a los consumidores. Bueno, resulta un argumento un tanto discutible, porque con parámetros como ése, por qué no disolver Pemex, la Secretaría de Hacienda o la propia Presidencia de la República, cuya ineficiencia a lo largo de estos años se mostrado de una manera patética.

Ambas afirmaciones eran verdad relativamente, y se convertían en una potente mentira cuando atribuía a los trabajadores su causa.

¿Era ineficiente? ¿Por qué entonces no se había despedido mucho antes a los directores generales, a los gerentes, a los directores de las sucursales? ¿Por qué el desastre en la facturación, que en la mayoría de los casos dependía de los empleados de confianza y que había mantenido en estado de permanente irritación a los usuarios no se había corregido desde arriba?

Pero la liquidación de la empresa costaba millones, muchísimos millones de pesos. ¿No habría nada mejor en qué gastarlos? ¿No era todo absolutamente absurdo? ¿No era mejor tratar de ajustar una empresa deficitaria que liquidarla con inmensos costos? ¿No resultaba delirante poner en la calle a 44 mil 514 trabajadores en un momento en que la nación lloraba por el desempleo?

Porque la materia de trabajo persistía. Había que seguir dotando de energía a millones de mexicanos. Entonces, ¿por qué destruir la empresa?

Resultaba insultante hablar de los altos salarios de los trabajadores (¿a usted le parece escandaloso hablar de 5 mil pesos mensuales para pagar a un trabajador especializado?), obtenidos a lo largo de 70 años de lucha, en una sociedad en la que un alto funcionario gubernamental tiene salarios de escándalo.

¿Y no era deficitaria la empresa, entre otras cosas, porque le pagaba muy caro a la Comisión Federal de Electricidad la energía que luego distribuía? ¿Y no era deficitaria porque se le daba luz gratis a Los Pinos, las secretarías de Gobernación, Hacienda, Agricultura, Trabajo, Defensa Nacional y la Procuraduría General de la República? ¿No había grandes hoteles que por decisiones superiores no pagaban la luz y periódicos y empresas como Nextel, Aurrerá, Suburbia, Radio Móvil Dipsa, Salinas y Rocha y Electra y hasta la Torre Mayor de Reforma?

¿Quién daba las órdenes para que unos pagáramos y otros no?

¿Eran los trabajadores los que permitían tarifas desorbitadas para algunos?, ¿errores permanentes en el cálculo de lo que se gastaba?, ¿tarifas de privilegio o conexiones directas para otros? ¿O eran gerentes generales, directores, directores de sucursales?

¿Y por qué esta urgencia de liquidar? ¿Y por qué la oferta de recontratar? ¿Por qué si el origen fue el conflicto laboral desde seis meses antes se estaba entrenando a miembros del Ejército en el cableado subterráneo?

Había argumentos, pero sin lugar a dudas eran falsos. El gobierno de la nación mentía.

Y los mexicanos, que somos paranoicos porque sabemos que la injusticia nos persigue, nos preguntábamos y nos seguimos preguntando: ¿qué es lo que no brilla en la superficie?

Parecía evidente que el gobierno al disolver la empresa tenía como interés principal destruir a un sindicato democrático y tras esta medida proceder a una privatización de parte del sector eléctrico. Querían abrir las futuras redes digitales a empresas trasnacionales en alianza con grupos empresariales mexicanos. ¿Es cierto que una empresa llamada WL Comunicaciones, propiedad de connotados panistas como los ex ministros de Energía Fernando Canales Clariond y Ernesto Martens tiene ya un contrato para desarrollar mil 500 kilómetros de redes? ¿Es cierto, como se ha señalado con frecuencia, que el director de la Comisión Federal de Electricidad, Alfredo Elías Ayub, ha estado involucrado en negociaciones con empresas españolas para privatizar el sector?

No voy a entrar en el debate legal, un montón de abogados constitucionalistas lo han hecho, y lo harán mejor que yo; me limito a señalar verdades y mentiras en lo que es un debate político, un problema moral.

Al concluir el mes que el secretario Lozano había ofrecido como plazo para que los trabajadores del SME se liquidaran, el gobierno había ganado parcialmente las batallas jurídicas, había conquistado a una parte de la opinión pública con el miserable bombardeo mediático y había perdido dos batallas políticas trascendentales: no había podido lograr que la mayoría de los trabajadores se retirara de la lucha y enfrenta una fuerte movilización solidaria que se va endureciendo.

A pesar de las cifras que se ofrecen, 22 mil 65 trabajadores han demandado al gobierno pidiendo la reinstalación de su trabajo coordinados por el sindicato, y otros 3 mil 700 lo han hecho de manera individual; a los que habría que sumar 14 mil jubilados que también se ampararon.

Y esto a pesar de las presiones de que no se encontraban preparados al inicio de la lucha, de que no había fondos de resistencia, de que los dineros sindicales están bloqueados ilegalmente y de que llevan un mes sin cobrar.

Y a pesar de la inmensa cantidad de palabras que al tema se han dedicado, hay decenas de preguntas que no se han hecho y muchas que no se han contestado. ¿Quién está suministrando el fluido eléctrico al valle de México bajo protección de miles de policías? ¿Es verdad que no hay trabajadores de la Comisión Federal de Electricidad? Tan sólo técnicos de confianza que dirigen cuadrillas y empresas patito a las que se les han prometido futuros contratos. ¿No se ha producido ya de hecho una privatización? ¿Es cierto que algunas de estas empresas han traído trabajadores extranjeros, se dice que de Guatemala y Honduras, y que no tienen permisos de trabajo? ¿Está el gobierno violando las leyes laborales con todo descaro? ¿Qué salarios tienen estos trabajadores? ¿Qué contratos? ¿Es verdad que a lo largo de este primer mes de conflicto han muerto trabajadores en accidentes y esto se ha mantenido oculto?

Con toda la información anterior en las manos, uno no puede impedir llegar a la siguiente conclusión:

El gobierno mexicano montó una conspiración para privatizar la distribución de energía eléctrica en el valle de México y estados cercanos, para destruir un sindicato democrático que le estorbaba en el proceso; no se tocó el corazón para despedir a 44 mil trabajadores en una época en que crece el desempleo, gastó y gastará millones y millones de pesos de manera absurda. Y para lograr estos objetivos violó las leyes, engañó y mintió a los mexicanos.

He estado en las dos movilizaciones de los electricistas, la del 15 de octubre y la del 11 de noviembre, y me he encontrado marchando con unos mexicanos como yo, profundamente irritados, que no van a dar marcha atrás, muchos miles, muchos, muchos miles.


Paco Ignacio Taibo II

martes, 23 de junio de 2009

La Justicia

Desde las perdidas comunidades de El Gran Tunal, Pedro Jasso Bravo y El Chaparro marcharon a la ciudad de México. Pedro iba más a pie que montado, montaba de a ratos nomás, por no atormentar la cansada espalda del Chaparro: ya estaban, los dos, pasaditos de años, y era largo el viaje. Pero así, poco a poco, caminando los días, llegaron, por fin, a la gran plaza del Zócalo.

Y se plantaron a las puertas del Palacio Nacional, donde vive el poder. Y allí se quedaron, esperando audiencia. Venían a exigir justicia. Allá, en El Gran Tunal, la justicia está más lejos que la luna, porque la luna, al menos, se ve. Los indios de las comunidades, oficialmente extintos, no figuran ni en las estadísticas. Han sido acorralados en tierras de pedrerío y polvareda, que les dan de comer un menú fijo de piedra y polvo.

El presidente de la nación se negó a recibirlos, pero no hubo manera de echarlos: los delegados de El Gran Tunal volvían a la plaza, cada vez que los sacaban. Ni modo: ni a palos, ni por las buenas. El Chaparro ponía cara de burro y Pedro ponía cara de no te gastes, que ya llevamos cinco siglos en esto.

Terminó el año 1997, empezó el 98: a los ochenta y siete años de su edad, Pedro tuvo que aceptar la primera inyección de su vida, casi muerto de tanto respirar veneno; pero siguió acampado, como si nada, mientras el Chaparro hacía oídos sordos a las calumnias de la prensa, que lo llamaba "medio de transporte".

Los dos residieron frente al Palacio Nacional durante un año, dos meses y quince días. Por fin, emprendieron el regreso. El poder seguía sordo, pero algo había conseguido: no era todo, ni era mucho, pero algo era. Habían conseguido que el hijo de Pedro, Margarito, saliera de la cárcel, y que marcharan presos, aunque más no fuera por un rato, algunos vampiros de indios. Y habían conseguido que los huachichiles se salieran de la categoría de fantasmas.
Y se volvieron los dos. Apenas llegaron a El Gran Tunal, El Chaparro murió. Quizá le habían arruinado los pulmones los sucios aires de la ciudad más contaminada del mundo; o quizá se dejó morir, humillado, porque en el viaje comprobó que el poder era un señor más burro que él. En todo caso, de esto sí que no cabe duda: El Chaparro ha pasado a ser el único asno que comparte una nube, allá en el alto cielo, con el caballo blanco de Emiliano Zapata.

Eduardo galeano. Ventanas.

martes, 9 de junio de 2009

Carta a Rafael Ramírez Duarte

Papá: un día como hoy, hace 32 años, la Brigada Blanca te secuestró en la ciudad de México para llevarte a la cárcel clandestina del Campo Militar Número 1. Aquellos que te detuvieron mientras circulabas en tu Datsun rojo todavía están libres e impunes, y este mal gobierno se convierte en cómplice al no juzgarlos.

Las autoridades, lejos de hacer justicia, después de más de tres décadas, y velar por los derechos de los mexicanos, siguen practicando la desaparición forzada contra los ciudadanos. Con los gobiernos panistas, decenas de luchadores sociales han sido secuestrados y desaparecidos o están injustamente presos en cárceles de máxima seguridad. Los que deben estar ahí son los funcionarios públicos que torturan, secuestran y otorgan impunidad, ¡innecesaria, inaceptable!

Las cosas hoy, papá, siguen bastante mal: es absolutamente necesaria tu presencia y la de todos aquellos que luchan por un México más justo. No queremos esperar a que los culpables de crímenes de lesa humanidad mueran. Esa gente tiene una deuda con el pueblo de México y la humanidad. Las autoridades tienen una doble deuda: hacer justicia y presentar a los desaparecidos. Que empiecen por la segunda.

Llevamos ya 32 años de exigir tu libertad y seguiremos haciéndolo hasta lograrla. Son años de coraje por la injusticia, no sólo hacia nuestra familia, sino hacia todo el pueblo de México.

Pável y Tania Ramírez Hernández

lunes, 1 de junio de 2009

ahí le va el 33, al cabo el pumas es campeón...

“Primero arrestaron a los comunistas; como yo no era comunista, no hice nada.

Más tarde vinieron por los socialdemócratas, pero como yo no era socialdemócrata, no hice nada.

Cuando vinieron por los sindicalistas, no protesté, porque no era un sindicalista.

Luego vinieron por los judíos, pero como yo no era judío no hice nada.

Finalmente vinieron por mí y me arrestaron, y ya no quedaba nadie para protestar.”

Martin Niemoeller.


CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS

ARTíCULO 33: […] EL EJECUTIVO DE LA UNION TENDRA LA FACULTAD EXCLUSIVA DE HACER ABANDONAR EL TERRITORIO NACIONAL, INMEDIATAMENTE Y SIN NECESIDAD DE JUICIO PREVIO, A TODO EXTRANJERO CUYA PERMANENCIA JUZGUE INCONVENIENTE.

LOS EXTRANJEROS NO PODRAN DE NINGUNA MANERA INMISCUIRSE EN LOS ASUNTOS POLITICOS DEL PAIS.

No se necesitó un chupacabras, unos balseros náufragos o un brote de influenza para modificar este artículo. Tal vez, parafraseando aquel poema: “como yo no soy extranjero, no hice nada por defender a los extranjeros”.

Pero la Constitución se contradice solita, pues en el ARTÍCULO 1 se establece que: EN LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS TODO INDIVIDUO GOZARÁ DE LAS GARANTÍAS QUE OTORGA ESTA CONSTITUCIÓN, LAS CUALES NO PODRÁN RESTRINGIRSE NI SUSPENDERSE, SINO EN LOS CASOS Y CON LAS CONDICIONES QUE ELLA MISMA ESTABLECE.

[…]

QUEDA PROHIBIDA TODA DISCRIMINACIÓN MOTIVADA POR ORÍGEN ÉTNICO O NACIONAL, EL GÉNERO, LA EDAD, LAS DISCAPACIDADES, LA CONDICIÓN SOCIAL, LAS CONDICIONES DE SALUD, LA RELIGIÓN, LAS OPINIONES, LAS PREFERENCIAS, EL ESTADO CIVIL O CUALQUIER OTRA QUE ATENTE CONTRA LA DIGNIDAD HUMANA Y TENGA POR OBJETO ANULAR O MENOSCABAR LOS DERECHOS Y LIBERTADES DE LAS PERSONAS.

Y todo lo anterior porque expulsaron al sociólogo colombiano Miguel Angel Beltrán Villegas del país, y se lo entregaron a uribe (aquel que estuvo a punto de comenzar una guerra en América Latina por bombardear a Ecuador en una brutal masacre de guerrilleros de las farc). Le dejaron ir sus tehuacanazos (tortura), se lo llevaron esposado en el avión, sin notificación ante la cual pudo haber solicitado asilo político, ni decirle a dónde lo llevaban y por qué. ¿El delito? Tal vez calderón y uribe lo sepan porque nadie más lo sabe.

Luego entonces, cualquier extranjero que esté en México, sólo con que el presidente calderón considere su permanencia “inconveniente” será expulsado sin juicio previo, y sin garantía de sus derechos humanos. Para ello, el presidente se basa en el Artículo 33 y desconoce que el 16 de diciembre de 1966, la Asamblea General de las Naciones Unidas firmó el PACTO INTERNACIONAL DE DERECHOS CIVILES Y POLÍTICOS; mismo que en su Artículo 13 establece: “El extranjero que se halle legalmente en el territorio de un Estado, Parte en el presente Pacto, sólo podrá ser expulsado de él en cumplimiento de una decisión adoptada conforme a la ley; y, a menos que razones imperiosas de seguridad nacional se opongan a ello, se permitirá a tal extranjero exponer las razones que lo asistan en contra de su expulsión, así como someter su caso a revisión ante la autoridad competente o bien ante la persona o personas designadas especialmente por dicha autoridad competente, y hacerse representar con tal fin ante ellas.”

A mí sí me encabrona muy; por muchas cosas, una es porque esto seguramente es un ensayito, para ver cómo reacciona la gente y prontito empezar a correr a todos los “incómodos” para el dictadorcete de los pinos. Y si recordamos que el gobierno quiere reclutar soplones, bastará que un vecino al que le reclamaste por su perro cagón, o un tipo al que le ganes el asiento en el microbús te acuse de ser de las farc, epr o narco para que te detengan sin orden judicial, o si eres extranjero, te expulsen del país.

Pero eso sí, muchos de los que opinaron que lo de la influenza era un complot, ahora celebran que los pumas sean campeones…

martes, 19 de mayo de 2009

de injusticias y policías malevos

Ya me había aburrido, llevábamos varias horas en el juzgado, en una de esas audiencias interminables, cuando aún teníamos los ocho gravísimos cargos en nuestra contra (robo específico con violencia, daño en propiedad ajena doloso, lesiones dolosas, despojo, asociación delictuosa, motín, sabotaje y terrorismo; ya para ese entonces nos habían quitado el calificativo de “peligrosidad social”). Pero ahora no quiero platicar de mi rosario de cargos delictivos, sino de que por el aburrimiento me fui a pasear a otros juzgados; obvio, del lado de la rejilla de los presos. En un juzgado estaba un señor de unos 40 años, su piel morena, su cara de rasgos indígenas, claramente se le veía en la cara miedo e incertidumbre; atento escuchaba a su abogado de oficio, quien del otro lado de la rejilla le decía: “te hallaron culpable de robo, te dieron condena de 18 años, por favor pon una equis en esta rayita”. Le pregunté como para comprobar lo que sospechaba: que no sabía leer, que difícilmente entendía español, y que ni sabía del robo que lo acusaban; supongo que tal vez su abogado, al ser de oficio, no muy hizo por defenderlo.

En otra ocasión, llegó al reclusorio un señor de unos 80-85 años, usaba bastón para caminar, lo cual hacía con gran dificultad; claramente se notaba que no muy sabía dónde estaba: volteaba para todos lados, extrañado, confundido. Así que le preguntamos qué le pasaba, por qué lo habían aprehendido; no pudo respondernos, no sabía qué pasaba y tartamudeaba al hablar. Uno de los técnicos penitenciarios nos contó: lo aprehendieron porque se metió a un sanborns (sí, uno de los tantos negocios slim) y salió con un chocolate en la mano: se le había olvidado pagarlo, se le había olvidado incluso que lo llevaba en la mano. Le dimos de comer y tratamos que lo pasara lo mejor posible. Para la tarde ya comenzábamos a discutir en cuál de las celdas se quedaría, quién le prestaría cobijas, cuando llegó la notificación: el señor podía salir, le habían dado derecho a fianza: debía pagar 900 pesos porque el alzheimer ocasionó que se le olvidara pagar un chocolate que valdría tal vez 20. Obvio decir que entre todos cooperamos para pagar su fianza, sus familiares desconocían que estaba preso, así que en cuanto saliera lo llevarían a un albergue del gobierno en lo que encontraban a su familia.

¿Cuántas historias habrá así dentro de un reclusorio? ¿De cuántas injusticias cometidas a diario no nos enteramos? En un caso, un indígena sin traductor, si poder leer ni escribir, sin enterarse del proceso en su contra es sentenciado a 18 años de cárcel por un crímen que él me asegura no cometió (y yo le creo); en el otro caso, un señor va a la cárcel por una enfermedad neuronal crónico degenerativa. Si estuviéramos en países islámicos, a ambos les habrían cortado una mano, ¿y si en méxico se aprobara la pena de muerte…?

Desde hace 3 años, Jacinta Francisco Marcial está presa por un terrible crimen: ¡secuestró a seis elementos armados de la agencia federal de investigación! Motivo por el cual fue sentenciada a 21 años de cárcel. Ella es indígena otomí, vivía en querétaro cuando fue aprehendida, no sabía ni por qué la detuvieron, tampoco sabe leer ni escribir. Las pruebas de su culpabilidad son una fotografía en un diario local, donde Jacinta aparece a un lado de un operativo de la AFI; así como las declaraciones de los agentes. Una de las pocas notas del caso está acá: http://impreso.milenio.com/node/8573751

Reitero, esto es de lo poco, poquísimo que nos enteramos. ¿Qué pasa donde no nos enteramos? ¿Qué pasa cuando nos negamos a leer periódicos y enterarnos de casos como éste? ¿Qué pasa si aún enterándonos no lo denunciamos, no exigimos libertad y justicia?

Si existiera la pena de muerte, Jacinta iría al patíbulo, por estar en el momento y lugar incorrectos. También irían al patíbulo los presos políticos de Atenco, los cuales para el gobierno federal son culpables de haber secuestrado a agentes y autoridades municipales; pero hasta eso, “corrieron con suerte” y sólo deben purgar condenas de 112 años de prisión. ¿Qué pasa con los presos políticos en todo el país? O mejor preguntado: ¿qué pasa con nosotros, que vemos las injusticias y no hacemos nada por detenerlas? ¿Acaso las palabras de Ernesto Guevara de la Serna ya no tienen vigencia: "Acuérdense que la Revolución es lo importante y que cada uno de nosotros, solo, no vale nada. Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario"? O como ésa era una carta para sus hijos, ¿no nos sentimos aludidos?

domingo, 17 de mayo de 2009

Benedetti, gracias por tanto, y por ser militante de la vida

Por qué cantamos


Si cada hora viene con su muerte
si el tiempo es una cueva de ladrones
los aires ya no son los buenos aires
la vida es nada más que un blanco móvil

usted preguntará por qué cantamos

si nuestros bravos quedan sin abrazo
la patria se nos muere de tristeza
y el corazón del hombre se hace añicos
antes aún que explote la vergüenza

usted preguntará por qué cantamos

si estamos lejos como un horizonte
si allá quedaron árboles y cielo
si cada noche es siempre alguna ausencia
y cada despertar un desencuentro

usted preguntará por que cantamos

cantamos por qué el río está sonando
y cuando suena el río / suena el río
cantamos porque el cruel no tiene nombre
y en cambio tiene nombre su destino

cantamos por el niño y porque todo
y porque algún futuro y porque el pueblo
cantamos porque los sobrevivientes
y nuestros muertos quieren que cantemos

cantamos porque el grito no es bastante
y no es bastante el llanto ni la bronca
cantamos porque creemos en la gente
y porque venceremos la derrota

cantamos porque el sol nos reconoce
y porque el campo huele a primavera
y porque en este tallo en aquel fruto
cada pregunta tiene su respuesta

cantamos porque llueve sobre el surco
y somos militantes de la vida
y porque no podemos ni queremos
dejar que la canción se haga ceniza.

jueves, 14 de mayo de 2009

Atenco, las palabras, los actos

El miedo. El miedo de la gente que se resguardó en sus casas, que oían las botas militares corriendo por las calles. El miedo de los que habían visto las primeras golpizas, las primeras personas bañadas en sangre.

La cobardía, la ira, la adrenalina, la cocaína. Las drogas y hormonas circulando por las venas de los policías federales, cegando el juicio, el raciocinio de los militares, acallando sus conciencias, motivándolos a usar sus toletes, sus escudos, llevándolos a golpear entre 24 hijos de puta a un cuerpo inerte en el suelo.

El valor. El valor de los campesinos que no sólo defendían sus tierras del despojo oficial; también apoyando a otros campesinos a los que no les dejaron vender flores, el producto de esa tierra que les querían arrebatar. El valor para quedarse en las barricadas, en el frente de batalla viendo la avanzada militar.

El morbo, la impunidad, la lujuria de los policías que violaban a mujeres maniatadas, golpeadas y sangrantes; de estos “guardianes del orden” que a cada mujer violada le gritaban: dime vaquero.

Los sueños. Los sueños de los presos políticos que purgan condenas de hasta 112 años de prisión. Los sueños de las mujeres violadas por policías. Los sueños rotos por un tolete y un escudo, por un presidente y gobernantes corruptos.

La decisión. La decisión tomada por el presidente de la república (hijo de puta fox), por el gobernador del estado de méxico (hijo de puta peña nieto), el presidente municipal de texcoco (hijo de puta nazario gutiérrez), de los mandos policiacos (hijos de puta wilfrido robledo, miguel ángel yunes, medina mora, etc.). De esos malditos que decidieron vengarse del pueblo que los desafió, que dieron la orden a los soldados de entrar a las casas sin orden de cateo, de golpear con toletes a los campesinos, de violar a las mujeres.

Los cómplices. Los jueces que cobijaron con impunidad a violadores, torturadores, represores todos. Los jueces que cobran hasta 700mil pesos al mes, los que dijeron: en Atenco sí hubieron violaciones graves a los derechos humanos, pero no podemos señalar culpables.

Los años. Los 3 años desde esa brutal represión. Acompañados de

La desmemoria. La desmemoria de los enajenados, del pueblo hambriento, del pueblo futbolero pero apasionado.