martes, 17 de febrero de 2009

la carta

No quise leerla ese día. Cuando vi que la carta estaba firmada por una carita sonriente, para confirmar lo que se rumoraba entre los presos, me resistí a la tentación; pensé: si mañana por la mañana la leo, será un grato comienzo de día. Recuerdo que con gran emoción se esparció aquel rumor: ¡Eduardo Galeano nos escribió una carta! Así que, junto a las demás cartas colectivas que nos mandaban, la pegaron en el periódico mural.

Pero esa noche el custodio nuevo, el hijo de puta que asignaron al área para provocarnos, rompió el periódico mural. Hasta las celdas se escuchaba el destrozo que estaba haciendo el cabrón, todos los presos nos despertamos y le gritábamos que se detuviera, que no podía romper las cartas que nos escribían. Muchos no pudimos dormir, queríamos saber si había roto todo, incluida la carta de Galeano, o si sólo había roto los recortes de periódico.

Al otro día, cuando bajábamos al patio al pase de lista, uno por uno íbamos pasando frente a los papeles rotos; muchos, al verlos bajábamos la mirada y así estuvimos un largo rato. Nadie recordaba textual la carta; los pocos que la habían leído, entre la emoción del día anterior y la tristeza y coraje de ese día, mezclaban las frases, era un gran teléfono descompuesto.

Aún me sigo preguntando qué le habrá escrito Eduardo Galeano a los jóvenes aquellos que un 20 de abril cerraron una de las universidades más grandes de América Latina para que sus puertas se mantuvieran abiertas siempre; qué palabras habrá utilizado para darle ánimo a los muchachos que fueron encarcelados por sostener una huelga de 10 meses para que la UNAM no fuera privatizada.

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