sábado, 10 de abril de 2010

Zapata no murió en Chinameca

Este hombre les enseñó que la vida no es sólo miedo de sufrir y espera de morir
A traición tenía que ser. Mintiendo amistad. Mil soldados lo están esperando, mil fusiles lo voltean del caballo.
Después lo traen a Cuautla. Lo muestran boca arriba.
Desde todas las comarcas acuden los campesinos. Varios días dura el silencioso desfile. Al llegar ante el cuerpo, se detienen, se quitan el sombrero, miran cuidadosamente y niegan con la cabeza. Nadie cree: le falta una verruga, le sobra una cicatriz, este traje no es el suyo, puede ser de cualquiera esta cara hinchada de tanta bala.
Secretean lento los campesinos, desgranando palabras como maíces:
- Dicen que se fue con un compadre para Arabia.
- Que no, que el jefe Zapata no se raja.
- Lo han visto por las cumbres de Quilamula.
- Yo sé que duerme en una cueva del Cerro Prieto.
- Anoche estaba el caballo bebiendo en el río.
Los campesinos de Morelos no creen, ni creerán nunca, que Emiliano Zapata pueda haber cometido la infamia de morirse y dejarlos solitos.
Eduardo Galeano. Memoria del Fuego, III, El Siglo del Viento.

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