Platicando con una amiga, le decía que mi parámetro para afirmar que ya nos hallamos en una etapa posterior al posmodernismo, fue cuando en una cantina clandestina, clausurada y por lo tanto sin electricidad, una pareja bailaba salsa, pero la música salía de un celular.
Ella me respondió que eso no era nada, que ella en una isla había bailado con una amiga suya, para lo cual ambas chicas tenían cada una un auricular para escuchar la música que salía de un ipod, así que el baile era algo torpe y pausado para que los audífonos no se desconectaran.
Sin darnos cuenta, fuimos conducidos a perder nuestra identidad, a evadirnos de la realidad, y a que ahora vivamos esperando noticias de amigos, de la novia, o a subir nuestros “estados” en las redes sociales. Para ello, ya se nos vende todo lo necesario para que subamos fotos o recibamos correos en cualquier parte del mundo: las computadoras portátiles son “netbooks” (o sea, bueno, es obvio); las cámaras de fotografía tienen un botoncito para que de manera fácil y sencilla subas tus fotos a tweeter, facebook, etc; los celulares se conectan a internet para que chatees, facebokees, tweetees.
Incluso, leí en un artículo que las nuevas generaciones comienzan a padecer síndromes de abstinencia después de algunas horas sin acceso a internet o un celular (Sergio González Rodríguez), según él, el 64% de los que navegan por internet, son menores de 25 años.
El problema, pienso, radica en que los jóvenes dejan de leer libros o hacer sus tareas y se meten a portales con tareas o resúmenes ya hechos; o de interactuar con otras personas, para volverse un nick, un ícono del messenger; el problema es que nos concentramos más en tomar la foto (que incluso casi siempre son fotos movidas, fuera de foco, con poca luz o sin calidad, por ser tomadas con lentecitos chafas) para el facebook, que en disfrutar los sonidos, olores, texturas, etc. de lo que vivimos al día.
Creo esta entrada es para irme despidiendo o alejando del internet. Finalmente somos palabras, todo en nosotros es un mar de palabras, estamos hechos por ellas, y es mejor platicarlas con un café o una chelita en la mesa…
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