martes, 28 de octubre de 2008

Héroes Convocados

Terminaremos inventando otra ciudad, otro país, y caminaremos con él con ella metidota entre las cejas, fija la visión en los ojos [...]

Andaremos por la calle como poseídos, desconectados, alienados, francos y decididos, verdaderos locos de hospital de reclusión que la ciudad ha vuelto inmenso.

Y será inevitable, seremos guardianes, cuidadores de nuestra memoria y de nuestra ciudad. Terminaremos cargando un M1 con los dedos lamiendo constantemente el borde afilado del gatillo, la conciencia reposando en la mira, la mirada depositada paternalmente en la bala única depositada en la recámara. Listos a liarnos a tiros con el primero que lo amerite; listos para nuestra propia muerte en nombre de esa nueva ciudad, ese nuevo país que inventamos (siempre a pesar nuestro, siempre vergonzante, con un cierto temor a la fe, a la esperanza, no por dañina innecesaria) en un descuido que se fraguó en todos estos años [...]

Atravesaré la plaza caminando lentamente. El viento bailará en los oídos, un pedazo de pelo será lanzado hacia atrás como por una resaca; los ojos medirán las losetas, buscarán las dimensiones de la plaza.

La plaza de los caídos un años después. Por alguna parte reposan las últimas moléculas de los hermanos muertos esparcidas. En la cabeza bailan las visiones de los sueños, las imágenes azuladas de las pesadillas; los zapatos alineados, los cadáveres alineados, los tanques alineados; las luces de bengala que iniciaron la matanza ardiendo en el viento; como rayando el aire, como haciendo cicatriz donde la cicatriz está; donde los labios sonrosados de la herida aún esperan cura.

Caminaré en silencio, despacio, bastante más allá del sonido del tráfico de un concierto de guitarra oído en la mañana. Caminaré despacio, pensando que ahí es el lugar de la reunión, el punto del encuentro de todos nosotros.


Extracto de Héroes Convocados, de Paco Ignacio Taibo II

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