martes, 6 de febrero de 2007

La Canción de Nosotros


(Llegó a destino y se bajó, mareado, y seguía sabiendo que ella continuaría oliendo a sí misma en su memoria, deambulando desnuda por la región nochera de sus sueños: que ella sería, que será, una cicatriz que a veces hace cosquillas y a veces late y a veces arde y a veces duele. Y sintió la necesidad de decir: "Nunca, nada." Por lo menos decir: "Como esto, nunca, nada." Y no volvió.)
[...]
Las palmas de las manos de Clara forman un cáliz que le sostiene y le aprieta los músculos de la cara. Esta cara que parecía no cambiada. Si se pudiera, piensa Mariano, ser más fuerte que la pena y el olvido. No quiero empezar otra vez con aquellas guerrillas inútiles: me dijiste, te dije, no fue eso, quise decir, no quise, sí quisiste, no. No quiero haberte lastimado nunca. No quiero defenderme. Si se pudiera decirte que en la prisión vos eras la única libertad que ellos no podían arrancarme. Si se pudiera verte todavía la alegría sacándote chispitas por los poros de la piel. ¿Sabés? Si se pudiera. Fue un asesinato. Ya sé. O no. El amor era un dios primitivo: me exigía sacrificios: se había muerto de hambre.
[...]
-Uno decía: "Brindemos por la próxima vez", y en el fondo, sabía o temía: No habrá ninguna próxima vez." ¿Qué somos, Clara? ¿Fantasmas borrachos que andan por ahí? ¿Qué somos todos nosotros? ¿Qué mierda somos? ¿Porqué se arruina siempre todo? ¿No podemos hacer nada que dure?

Mariano siente que muy del fondo le brota la necesidad de hablarle, de contarle. La prisión. La importancia universal de una frazada y una manzana. La memoria de tu cara. En el espacio breve de tu cara cabía toda mi libertad y sobraba sitio. Contarle: "Pero las caras se sueltan y se van. Una noche le pedís una cara a la memoria y la memoria no segrega nada. La muerte es eso. No poder recordar. Eso" Contarle: "Me colgaron de una cruz de madera, con las piernas abiertas hasta rajarse". Contarle: "Alguien había escrito en la pared de la celda: Afuera siempre creyeron en vos."

Hablarle, contarle, decirle: quedar vacío. Pero sonaría a súplica o chantaje.

-¿Porqué se joden siempre las cosas? ¿En qué momento se joden para siempre?

Eduardo Galeano.

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